miércoles, mayo 21, 2008

Luwdig Wittman es, quizás, el tripulante de cabina más experimentado del país.





No sé si Luwdig es récord mundial, nacional o de AeroSur en eso de volar atendiendo pasajeros, pero, sin duda, es una leyenda en la aviación nacional. Por ahí, se acuerdan de él, el 12 de Octubre o alguna otra fecha, una medallita le quedaría muy bien en su solapa, sobre todo en este país donde tiene más prensa un tipo que se la pasa transgrediendo la ley, que un héroe anónimo como Luwdig Wittman.

- ¿Azafato?, pregunto.

- ¡Tripulante de cabina!, responde.

- Algo como….; ¿Me sirves una coca o un café?

Entonces, Luwdig prosigue. -Es un poco más que eso, mi trabajo, por supuesto, incluye el servicio a bordo, pero no es mi tarea principal. Mi principal y más importante tarea es velar por la seguridad de los pasajeros.

- ¿¡Así!? Y… ¿qué podrías hacer cuando se cae un avión? todos muertos ¡y adiós!, cuestiono.

- No, hombre, no. Un tripulante de cabina, antes de serlo, tiene que tener una formación amplia que incluye servicios médicos a bordo, emergencias, transporte de mercancías peligrosas, factores humanos, derecho aéreo, meteorología y aeronáutica, entre otras muchas cosas. Además, exámenes teóricos y prácticos en Aviación Civil. Es un poco policía, médico, enfermero, profesor, camarero, relacionista público, bombero. Todo a la vez.

No es que Luwdig Wittman no entienda de ironías, que es un poco la especialidad del periodista. Lo que pasa es que se toma todo muy en serio. Y cómo lo habrá tomado su trabajo que una vez se subió a un C47 allá por 1965 y no volvió a bajar.

- Creo en Dios y Él sabe que le hablo todos los días, vuele o no. Y Dios me ha premiado en la vida porque paso muchas horas junto a él, aquí en las alturas. Así, desde el aire, expresa su fe.

Es conmovedor verlo, a los 68 años, trabajando como un jovenzuelo en una profesión de la que los pasajeros nos hicimos prejuicios, generalmente ligados a trabajos femeninos idealizados.

-Dame un segundo, Mario. Interrumpe la entrevista.

Miro por los lados y todos los pasajeros del Boeing 727 de AeroSur están a bordo y su voz serena se escucha, aunque pocos entienden lo que dice: “Tripulación de cabina, chequeo cruzado, autorizados a levantar la escalera central”. Es la jerga dentro del avión que se hace rutina, mientras una azafata que me recuerda a Catherine Zeta-Jones en La Terminal, se mueve con gracia señalando puertas y ventanas de salida de emergencia y enseñando el truco de abrochar y desabrochar el cinturón de seguridad y algo más.

Estamos ya en el aire y volvemos a la entrevista.

-¿Eres un récord mundial?

-No lo sé. Pero al carretear en la vieja pista de Cochabamba en un C47 rumbo a Trinidad en mi primer viaje, vi por la ventanilla que mi madre fue a despedirme.

De inmediato los ojos de este hombre de apariencia seria se cristalizan por su madre, una bolivianita que cautivó a un enérgico judío alemán que llegó a Bolivia escapando de la persecución antisemita en Europa en los tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial. Sin mucho esfuerzo se puede sentir la devoción que les guarda a sus padres.

-En aquella época —continua Wittman— subir a un avión era toda una preocupación.

-Y tú de puro despreocupado llegaste casi a cinco décadas volando, le apunto.

-Sí…C47, DC 3, Fairchild, DC 6, Electra, BAE 146, todos los Boeing, el Metro, el LED 410, incluso un Antonov 124. Son los aviones que a lo largo de mi vida profesional he volado.

-¿Y por qué no como piloto?

-Porque cuando ingresé al LAB las plazas estaban cerradas. Me ofrecieron como asistente y acepté y...lo vez, nunca más lo dejé, ni en el LAB ni en AeroSur.

- ¿Alguna vez algún accidente?, pregunto sin originalidad.

- Un par de veces. Un DC3 al salir de Trinidad con pérdida total del avión, pero sin desgracias personales y en Sucre un Fairchild que perdió la nariz. Nada más. Lo que me lleva a asegurar que aquí arriba es más seguro que allá abajo.

- ¿Cuántas horas aquí arriba?

- Los tripulantes de Cabina no llevamos bitácora como los pilotos, pero creo que estoy llegando a las 45.000 horas. (Para tener una idea, equivaldría a cinco años volando día y noche sin parar)

- Conoces medio mundo.

- Superficialmente.

- Y, conoces a medio mundo.

- A medio mundo que viaja.

- Viajaste con políticos, ídolos deportivos, artistas. ¿Algún Presidente?

- Sí, casi con todos. El más “problemático” era Carlos Mesa. Era misión imposible pedirle que viaje en primera clase. Le gustaba mezclarse con los pasajeros de la clase turista y charlar con ellos.

- ¿En cada puerto un amor? (Se nota que no es mi mejor día para hacer preguntas, pero por suerte Luwdig no lo nota)

-No. Ése es un cliché. Al llegar a un destino sólo piensas en descansar y dormir porque al día siguiente hay que madrugar.

-Y... ¿Es cierto que aunque duermas en el Waldorf Astoria, no es lo mismo que tu cama?

-Sí, pero ¿quién podría quejarse de dormir en el Waldorf?

-Y…si duermes tan lejos, podría quejarse tu familia ¿Te casaste?

- Sí. Ella vive en México. Por ahí se hartó de mis ausencias y nos divorciamos. Tengo dos hijas que me dicen: ¡Hola viejo!, con cariño.

- Debes tener anécdotas.

- Hay gente infame que se roba los chalecos salvavidas.

- ¿Algo más sabroso?

- Alguna vez encontré una parejita haciendo el amor en el baño.

- mmmm. Digo… ¡qué horror!

- Ojo, que en algunos lugares eso es un delito

- ¡Qué horror!

- Y alguna vez con la Academia Tahuichi…..Pero de eso mejor no te cuento. Déjalo así.

- No me dejes así.

- No. No te cuento nada.

Ante tal picazón, recurrí en otro momento a un hombre que sabe mucho de aviación, Constantino Klaric, a quien le sorprendí en su buena fe y me contó que una vez una delegación del Tahuichi que volvía como siempre campeona a Bolivia, obligó a una tripulación a aterrizar primero en Santa Cruz, cuando el itinerario decía que el vuelo era primero a La Paz. En otro tiempo y lugar eso hubiese sido catalogado como secuestro. Pero, vaya, era Tahuichi.

- ¿Y hasta cuándo vas a volar?

- Hasta que AeroSur lo disponga. Lo que pasa es que ésta es una gran familia. He entrenado a varias generaciones que incluso ahora ocupan jefaturas. Humberto Roca es un tipazo y mientras pueda volar y enseñar, volaré y enseñaré.

“Alguna vez encontré una pareja haciendo el amor en el baño del avión...Y alguna vez hubo una anécdota con la Academia Tahuichi, pero de eso mejor no te cuento”

3 comentarios:

  1. Gracias por tanto don Ludwicito. Que triste que el que pensamos era un tipazo le diera la espalda, pero todo lo que dió y enseñó quedará en cada uno de nosotros. Lo queremos mucho. Nuestro padre de la aviación, gran amigo y mentor.

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  2. UN GRAN SEÑOR¡¡
    GRACIAS POR SER MI AMIGO.

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